¿No era este uno de los signos del Apocalipsis?



Hoy pasé por el sector de El Trebol, por primera vez desde la aparición del cráter que puso en jaque al ya caotizado tráfico vehicular en Quito.

Ni siquiera sé por qué tomé esa ruta para regresar a mi casa, si hay muchas otras rutas menos congestionadas. Supongo que la curiosidad. Y el hecho de que no pude cambiar de carril en la Av. Orellana pudo haber influido también.

Si bien pasar por El Trebol ya era un relajo, lo que vi ahora fue francamente desolador: altísimas montañas de tierra, visibles desde mas o menos 500 metros, que, en conjunto con los infaltables letreros de "Desvío", "Peligro", "Hombres Trabajando", mas algunos semáforos improvisados y policías al borde de la histeria (o al menos los 2 que vi estaban casi histéricos), daban la impresión de que me hallaba en una zona de desastre.

Y efectivamente, así es. Y no me estoy refiriendo al huecazo que se formó a raíz de que la lluvia destrozó la canalización interna. Me refiero a lo que se puede encontrar con el lento avance de los autos. El Trébol, que antes era un by-pass compuesto por algo así como 4 redondeles (de ahí su nombre), ha sido transformado en uno solo.



Un solo redondel, hecho de una vía improvisada e irregular, llena de baches, tierra y la señalización emergente de la que ya les hablé. Y claro, sobre la vía, un permanente atrancón vehicular, peor que el que ya había antes del "cambio arquitectónico obligado". Gente desesperada, abusiva, prepotente, tratando de meterse en el camino de los demás, por las malas o por las malas. Afortunadamente estaba de buen ánimo cuando pasé por ahí. Supongo que eso evitó un choque o dos.

Con el lento circunvalar de la gente en el enorme redondel improvisado, es posible ver que lo que hasta hace un mes y medio era un sector mas o menos amigable para la vista (tras su remodelación ya no era tan feo, hay que reconocerlo) y la circulación de transeuntes y automotores, hoy solo son ruinas que, a mi modo de ver, demorarán en su reconstrucción mucho mas que los 6 meses anunciados inicialmente por nuestro lerdo alcalde. ¡Es que, en comparación con su estado inicial (mostrado en la tele), no han avanzado casi nada!


Bueno, a seguir tomando rutas alternas, aunque muchas son verdaderas pérdidas de tiempo y gasolina. Pero lo prefiero. La apocalíptica visión de El Trébol me asusta un poco. Y ni hablar del tráfico a su alrededor... Me recuerda las palabras de Mariana de Jesús, aquellas en las que decía que Quito no será destruida por terremotos sino por malos gobiernos. Si además hubiese mencionado el nombre "Paco Moncayo", mas la redundancia "milico estúpido", seguramente en este momento la estaríamos aclamando como profetiza, más que como santa.

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